Como no sentir el filo de tu aliento,
ni de tu carne,
ni tu nocturna hipnosis
batalla
de los tactos eróticos entre cuatro mil desvelos
por
una fragancia aturdida
por la reina planetaria
de los nidales
por esa venus cósmica que ríe
y recuesta sus colores en los míos,
como el cielo en los océanos.
Bebida epicúrea
cómo es que te ciernes magnífica
en las copas milenarias de los árboles infinitos,
cómo pueden ser tus pelos,
tús lágrimas,
tus calores los que encadenen los mares
bravos
de un mundo que se rinde
y se detiene
por ver tu paso desnudo,
el del deseo al placer,
el de las diosas más atrevidas.
Por Rodrigo Burgos mi hermano de Fuego y Tierra