Kilos y kilos son lo que pesan mis manos
cuando me siento a tu lado
y tu mirada no se dirige a la mía.
Ojos hostigosos de ver
mirada eterna.
Bien me siento junto a ti
porque mi cuerpo se tranquiliza,
sin embargo, no olvido el daño
que tus labios carnosos y espinados
pueden llegar a provocarme,
pero te digo
Dámelos, solo dámelos
quiero la muerte por el deseo.
En un segundo me encuentro fascinada,
fascinada por el cariño que emano por ti
y por esos ojos brillosos y apasionados.
Olvido mi táctica de ataque,
olvido mi arrogancia y mi vanidad
para sentarme una y otra vez
en la misma habitación.
Sé que te podre encontrar en nuestro lecho
para abrazarte y confundirme nuevamente
por un hombre distante y frio
que solo a mí me provoca
un fogoso sentimiento.
Ahora me pregunto
qué le queda a una mujer inmune
más que el mismo hielo
más que la soledad junto a un cigarrillo.
Dedicado a quien me enamoró con la esencia.
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